Si pudiéramos preguntar a un
grupo de pobladores del país, lo siguiente: ¿desean que los precios bajen o que
suban? No me cabe duda que todos responderían, “que bajen”. La deflación
se define como la caída sostenida en precios de la mayoría de bienes y
servicios. Entonces, ¿por qué deberíamos estar preocupados por los
temores de una deflación si “parece” mejor que todo baje de precio para comprar
más barato?
Para responder lo anterior. Imagínese
usted que le plantean invertir su dinero en un nicho del mercado donde los
precios están bajando; ¿se animaría a hacerlo? Estoy seguro que no. ¿Por qué
invertir en un segmento en que los precios caen y tendrá que vender a un precio
cada vez menor? Ahora piense que el fenómeno es generalizado. La
deflación afecta la inversión y con ello el crecimiento económico futuro.
Es lo contrario a la inflación. Así como cuando suben los precios todos nos
apresuramos a comprar, pues creemos que seguirán subiendo, cuando bajan, no
compramos pues “creemos” que seguirán bajando y postergamos nuestra decisión de
compra. Dicho de otro modo, si los precios bajan, el dinero “gana” valor si no
lo gastas y lo guardas. Sin aumentos en el consumo y la inversión la
economía “no se mueve”, es decir, “se apaga”. Por eso no es deseable la deflación y la
mayoría de economistas le tiene más temor que a la inflación; en 1990
Perú tenía un aumento en precios de 7650% al año. Sin embargo se logró detener
de manera más o menos rápida.
¿Sucede lo mismo con la deflación? Pues parece que es más complejo.
Japón tuvo 15 años de deflación, hasta que el gobierno del primer ministro Abe
decidió usar la “maquinita” de imprimir billetes para enfrentar el problema en
diciembre de 2012. Si es sostenible o no, dependerá de las reformas que
permitan un crecimiento sano y sostenible, pues está claro que “muchos
billetes” generan el problema contrario: inflación. Japón enfrentó su deflación
con más billetes y más gasto público.
CASO: EUROPA
¿Por qué los temores de Europa? Se debe considerar que la mayoría
de países europeos enfrentan un problema de sobreendeudamiento. La primera
reacción frente al problema estuvo en la política monetaria: la tasa de interés
se redujo casi a cero; la última reducción ocurrió hace cuatro meses y la llevó
en 0.25% (en el Perú es 4%). A pesar de la reducción en tasas de interés con el
objetivo de aumentar los créditos, la estrategia no funciona por una simple
razón: o no hay sujetos de crédito (están sobre endeudados y antes deben pagar
sus deudas) o los que hay, no están dispuestos a tomar nuevos préstamos para
invertir en economías al borde de la deflación. No sería rentable hacerlo.
¿Y por qué no proceden como Japón? La eurozona es manejada por un
banco centran común a todos los países miembros, llamado Banco Central Europeo
(BCE); los países miembros no pueden emitir euros, pues esa función está en
manos del BCE quien requiere unanimidad para proceder a la emisión; a ello se
oponen países como Alemania y Finlandia. Ante ello, los gobiernos, ¿pueden
endeudarse para obtener dinero e inyectarlo a sus economías y así combatir los
temores de una deflación? No, porque ya están sobre endeudados y tampoco son
“sujetos de crédito”. Parece que a menos que se llegue a ciertos acuerdos
políticos, ni la política fiscal ni la monetaria funcionarán en un contexto
como el descrito.
¿Y los datos? Pues, la información presentada el 17 de marzo
muestra que la inflación promedio de la eurozona en febrero de 2014 fue 0.3%; en
Europa, a nivel de países, Bulgaria tuvo una deflación de -2.1%; resultados
similares se observaron en Chipre (-1.3%), Grecia (-0.9%), Croacia (-0.2%),
etc. La tendencia es hacia la deflación.
CONCLUSION:
Parece que la única
forma de combatir la temida deflación es con inflación; sin embargo,
Europa no se pone de acuerdo sobre cómo hacerlo, sea porque ya las tasas de
interés están en cero o porque los gobiernos no se pueden endeudar más para
aumentar el gasto público. ¿Qué hacer ante ello? Reformas, como la unión
bancaria y crecimiento para el mediano y largo plazo. En lo inmediato, superar
las divisiones políticas y ponerse de acuerdo para inyectar algo de liquidez.
A mi opinión de acuerdo a la experiencia ganada a lo largo de mi
ejercicio profesional me recomienda siempre que para corregir un problema debes identificar y atacar las causas.
¿Qué propicia la deflación? ¿El sobre endeudamiento? Reduce la deuda. ¿El
déficit fiscal? Corta la “farra”. Pero sobre todo, establece los controles
adecuados para evitar el problema una vez que conoces las causas y estas ya son
harto conocidas. Lo peor de todo este dilema es que quienes pagan las consecuencias son los de siempre, las clases
necesitadas.
JORGE DEL CASTILLO CORDERO
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